domingo, 11 de diciembre de 2016

De la naturaleza de la humildad; cuándo es perfecta y cuándo es imperfecta.- La Nube del No-Saber, Anónimo del siglo XIV.


Consideremos, pues, la virtud de la humildad de forma que puedas entender por qué es perfecta cuando Dios solo es su fuente y por qué es imperfecta cuando surge de otra fuente aun cuando Dios pudiera ser la principal. Trataré de explicar primero lo que es la humildad en sí misma y después será más fácil captar la diferencia.

Un hombre es humilde cuando permanece en la verdad con un conocimiento y apreciación de sí mismo tal cual es. Y de hecho, cualquiera que se vea y experimente tal como real y verdaderamente es, no tendrá dificultad alguna en ser humilde, pues dos cosas le aparecerán muy claras. En primer lugar, verá claramente la degradación, miseria y flaqueza de la condición humana, fruto del pecado original. De estos efectos del pecado original el hombre nunca se verá totalmente libre en esta vida, por santo que llegue a ser. En segundo lugar, tendrá que reconocer la bondad trascendente de Dios tal como es en sí mismo y en su rebosante y superabundante amor hacia el hombre. Ante tan gran bondad y amor la naturaleza tiembla, los sabios tartamudean como locos, y los ángeles y santos quedan cegados por su gloria. Tan abrumadora es la revelación de la naturaleza de Dios, que si su poder no los sostuviera, no me atrevo a pensar qué sucedería.

La humildad engendrada por este conocimiento experimental de la bondad y del amor de Dios la llamo perfecta, porque es una actitud que el hombre mantendrá incluso en la eternidad. Pero la humildad que surge de una comprensión realista de la condición humana la considero imperfecta, porque no sólo desaparecerá en la muerte juntamente con su causa, sino que en esta misma vida no siempre será operativa. Pues a veces las personas muy avanzadas en la vida contemplativa pueden recibir de Dios tal gracia que de repente se sientan totalmente fuera de sí mismas y sin pensar o preocuparse por sí son santas o pecadoras. Los contemplativos ya adelantados pueden experimentar esto con mayor o menor frecuencia, según la sabiduría de Dios, pero en cualquier caso, a mi juicio, es un fenómeno pasajero. Durante este tiempo, sin embargo, aunque pueden perder todo interés o preocupación por sus pecados o virtudes, no pierden el sentido del inmenso amor y bondad de Dios y por tanto, tienen humildad perfecta. Por otra parte, si el primer motivo es operativo, aunque sea de modo secundario, sólo tienen humildad imperfecta. No estoy sugiriendo, sin embargo, que se dé de lado el primer motivo. No quiera Dios que me entiendas mal, pues estoy convencido de que las dos cosas son provechosas y necesarias en esta vida.

Que en esta vida la humildad imperfecta ha de preceder a la perfecta.

 

Si hablo de la humildad imperfecta no lo hago porque dé poca importancia al verdadero autoconocimiento. Aunque se juntaran todos los ángeles y santos del cielo con todos los miembros de la Iglesia en la tierra, situados en todos los grados de la santidad cristiana, y rogaran por mi crecimiento en la humildad, estoy cierto que no me aprovecharía tanto ni me llevaría tan rápido a la perfección de esta virtud, como un poco de autoconocimiento. Ciertamente, es imposible llegar a la perfecta humildad sin él.

Por tanto, no huyas del sudor y de la fatiga que supone el conseguir un verdadero autoconocimiento, pues estoy seguro de que cuando lo hayas adquirido llegarás muy pronto al conocimiento experiencial de la bondad y del amor de Dios. No un conocimiento completo, naturalmente, pues eso no es posible al hombre; ni siquiera tan completo al que poseerás en la alegría de la eternidad, pero sí un conocimiento tan completo como es posible al hombre en esta vida.

Mi propósito al explicar los dos tipos de humildad no es ponerte en seguimiento de la perfecta con desprecio de la imperfecta. No, y confío en que nunca harás esto. Mi intención es simplemente ayudarte a apreciar la excelsa dignidad de la obra contemplativa del amor, en comparación con cualquier otra posible con la ayuda de la gracia. Pues el amor secreto de un corazón puro que presiona sobre esa nube oscura del no-saber que está entre ti y tu Dios de una manera oculta, pero cierta, incluye en sí mismo la perfecta humildad sin ayuda de ideas concretas o claras. Quería además que apreciaras la excelencia de la humildad perfecta de forma que la mantuvieras ante tu corazón como un acicate a tu amor.

Esto es importante para nosotros dos. Y finalmente, me he esforzado por explicar todo esto porque creo que un conocimiento pleno sobre la perfecta humildad por sí mismo te hará más humilde. Pues pienso a menudo que la ignorancia de los dos grados de humildad ocasiona una buena dosis de orgullo. Es muy posible que un poco de gusto de lo que he llamado humildad imperfecta pudiera llevarte a creer que ya eres humilde a la perfección. Te engañarías a ti mismo y, lo que es más, habrías caído en el fétido cieno de la presunción. Esfuérzate, pues, por conseguir esta virtud en toda su perfección. Cuando una persona la experimenta no pecará ni entonces ni durante mucho tiempo. 

Cap. 13 y 14

*  *  *
[...] deja que sea la maravillosa trascendencia y bondad de Dios la que te enseñe la humildad, mejor que el pensamiento de tus propios pecados, pues entonces tu humildad será perfecta. Atiende más a la soberanía absoluta de Dios que a tu propia miseria. Y recuerda que los que son perfectamente humildes no carecerán de nada de cuanto necesitan, sea en el orden espiritual o material. Dios les pertenece y él es su todo. Quien posee a Dios, como atestigua este libro, no necesita otra cosa en esta vida.

Y así como él vendrá en nuestra ayuda espiritual, de la misma manera incitará a otros a procurarnos comida y vestido y satisfará las necesidades de la vida cuando vea que no dejamos la obra del amor para atender a tales cosas por nosotros mismos. Digo esto especialmente para refutar a los que erróneamente sostienen que nadie se puede dedicar a la vida contemplativa sin haber provisto antes a todas sus necesidades materiales. Dicen: «Dios envía la vaca, pero no por el cuerno». Pero interpretan falsamente a Dios y ellos lo saben. Pues Dios nunca defrauda a los que verdaderamente abandonan los intereses mundanos para dedicarse a él. Puedes estar cierto de esto: él proporcionará una de las dos cosas a sus amigos. O recibirán en abundancia todo lo que necesiten, o les dará aguante físico y un corazón paciente para soportar la necesidad. ¿Qué más da que haga lo uno o lo otro? Le es todo lo mismo al verdadero contemplativo. Todo el que pone en duda esto, demuestra que el maligno ha robado la fe de su corazón o que todavía no está tan totalmente entregado a Dios como debiera, a pesar de ingeniosas y estudiadas apariencias en contrario.
Cap. 23

sábado, 10 de diciembre de 2016

De las personas que no han renunciado a sí mismas y que están llenas de su propia voluntad.- Maestro Eckhart (1.260 - 1.328)


En verdad, a menos que huyas primero de ti, siempre, donde quieras que vayas, encontrarás trabas e inquietudes, cualquiera fuere ese lugar. Las gentes buscan la paz en las cosas exteriores, en lugares o modos de ser, en personas, en obras o en países lejanos, en la pobreza o en la sumisión. Todo esto, sin embargo, no les da la paz. Los que así buscan lo hacen de un modo totalmente erróneo: más se alejan y menos encuentran lo que pretenden hallar. Van como aquél que ha perdido el camino: cuanto más avanza, más se pierde.

¿Qué es preciso hacer, entonces? Debe uno, ante todo, abandonarse a sí mismo, y de este modo habrá abandonado todas las cosas. En verdad, si un hombre abandonara un reino y el mundo entero y se guardara a sí mismo, no habría abandonado nada; y si un hombre se hubiera abandonado a sí mismo, aun cuando conservara riquezas, honores o lo que queráis, habría abandonado todas las cosas.

[…] Debemos poseer todas las cosas como si nos hubiesen sido prestadas, no dadas, sin ninguna propiedad, tanto el cuerpo como el alma, los sentidos, las facultades, los bienes exteriores, los honores, los amigos, los parientes, las casas, las tierras y todas las cosas.

[…] Como lo dijera San Pablo: “Debemos poseer como si no poseyéramos, y no obstante poseer todas las cosas”. No posee nada como propio aquél que no desea ni quiere nada, ni de sí mismo ni de todo lo que es exterior, ni aun de Dios, ni de ninguna otra cosa.

[…] Aquél que tiene todo lo que quiere y desea, posee la dicha, pero nadie la posee sino aquél cuya voluntad está totalmente unida a la de Dios. ¡Que Dios nos otorgue esta unión! Amén.

Instrucciones espirituales


¿Adónde tengo, pues, que ir? Absolutamente a ninguna parte, a no ser a una naturaleza desnuda y vacía: ella me podría enseñar lo que yo le preguntaba con palabras…

[...] En todo lo que hay sobre la tierra y sobre el cielo nada le puede turbar, debe hallarse en tal paz que si el cielo y la tierra se hallarán invertidos, encontraría paz en Dios.
Proverbios y Leyendas

miércoles, 7 de diciembre de 2016

Que los pensamientos más sublimes son más obstáculo que ayuda durante el tiempo de la oración contemplativa.- La Nube del No-Saber, Anónimo del siglo XIV.


Así, pues, has de rechazar toda conceptualización clara tan pronto como surja, ya que surgirá inevitablemente durante la actividad ciega del amor contemplativo. Si no las vences, ellas ciertamente te dominarán a ti. Pues cuando más desees estar solo con Dios, más se deslizarán a tu mente con tal cautela que sólo una constante vigilancia las podrá detectar. Puedes estar seguro de que si estás ocupado con algo inferior a Dios, lo colocas por encima de ti mientras piensas en ello y creas una barrera entre ti y Dios. Has de rechazar, por tanto, con firmeza, todas las ideas claras por piadosas o placenteras que sean. Créeme lo que te digo: un amoroso y ciego deseo hacia Dios sólo es más valioso en sí mismo, más grato a Dios y a los santos, más provechoso a tu crecimiento y de más ayuda a tus amigos, tanto vivos como difuntos, que cualquier otra cosa que pudieras hacer. Y resulta mayor bendición para ti experimentar el movimiento interior de este amor dentro de la oscuridad de la nube del no-saber que contemplar a los ángeles y santos u oír el regocijo y la melodía de su fiesta en el cielo.

¿Te sorprende esto? Se debe solamente a que no lo has experimentado por ti mismo. Pero cuando lo experimentes, como creo firmemente que lo harás con la gracia de Dios, entonces podrás entenderlo. Por supuesto que en esta vida es imposible ver y poseer plenamente a Dios; pero, con su gracia y a su tiempo, es posible gustar algo de él tal como es en sí mismo. Así, pues, entra en esta nube con una gran ansia de él. O más bien, diría yo, deja que Dios despierte en ti esta ansia y arrójate a él en esta nube, mientras con la ayuda de su gracia te esfuerzas por olvidar todo lo demás.

Recuerda que si las ideas claras que surgen sin querer y que tú rechazas pueden molestarte y apartarte del Señor, privándote de la experiencia de su amor, mucho más lo harán aquellas que tú cultivas voluntariamente. Y si el pensamiento de un santo particular o de alguna realidad puramente espiritual crea un obstáculo a esta actividad, cuánto más el pensamiento del hombre mortal o de cualquier otro interés material o mundano. No digo que estos pensamientos, deliberados o indeliberados, sean malos en sí mismos. Dios me libre de que me entiendas mal. No, lo que he querido decir es que son un obstáculo más que una ayuda. Pues si buscas de verdad a Dios solo, nunca encontrarás descanso ni contento en algo inferior a Dios.

Cap. 9

martes, 6 de diciembre de 2016

La ciencia de la verdad.- Tomás de Kempis (1.380-1.471)


Felicidad del que sigue la doctrina o ciencia de Cristo.


1. Dichoso aquel a quien la verdad enseña por sí misma, es decir, no por figuras o palabras fugaces, sino tal como ella es.

2. Nuestra opinión, como nuestro sentido, se engaña con frecuencia, y poco es lo que capta de las cosas que nos rodean.

3. ¿Qué provecho o utilidad reporta el mucho cavilar sobre cosas ocultas y abstrusas, por cuya ignorancia no se nos reprenderá el día del juicio?

4. Es gran insensatez desatender lo útil y necesario, y gustar de ocuparnos en cosas nocivas y de pura curiosidad. Verdaderamente, «teniendo ojos no vemos».

5. ¿Qué nos importa la maraña de «géneros» y «especies» de los dialécticos? Aquel a quien habla el Verbo eterno prescinde y se desentiende de muchas opiniones de escuela.

El Verbo, principio que nos habla.


6. De ese «Verbo único dimanan todas las cosas» y todas proclaman su unidad, y él es el principio que nos habla. Sin él nadie es capaz de entender ni juzgar con rectitud.

7. Aquel para quien todas las cosas son una sola, que todo lo refiere a una sola cosa, que las ve todas en una, puede tener firme el corazón y permanecer pacífico en Dios.

8. ¡Oh verdad, que eres una sola cosa con Dios, haz que viva unido a Ti con un amor inextinguible!

9. Con harta frecuencia siento tedio de leer y oír muchas cosas; y es que en Ti se encuentra todo lo que quiero y deseo.

10. Enmudezcan todos los doctores, callen todas las criaturas en tu presencia; háblame Tú solo, Señor.

Simplificar nuestro interior para entender mejor la verdad.


11. Cuanto más se concentre uno en sí mismo y más simple sea en su interior, tanto más y mayores cosas entenderá sin dificultad, porque recibe de lo alto la luz de la inteligencia.

12. El alma pura, sencilla y constante no se disipa, pese a la multiplicidad de sus ocupaciones, porque todo lo hace por la gloria de Dios y se esfuerza en sustraerse a toda atención hacia sí misma.

13. ¿Quién te embaraza y estorba más que la afección inmortificada de tu corazón?

14. El hombre bueno y piadoso dispone previamente en su interior las obras que debe hacer exteriormente. Y no se deja arrastrar por ellas hacia los deseos de las inclinaciones torcidas, sino que las somete al imperio de la recta razón.

El más rudo combate es vencerse a sí mismo.


15. ¿Quién entabla mayor combate que el que se empeña en vencerse a sí mismo?

16. Y éste debería ser nuestro quehacer primordial: triunfar de nosotros mismos y cobrar cada día mayores fuerzas contra nuestras tendencias, y progresar algún tanto en el bien.

17. Toda perfección en esta vida entraña cierta imperfección, y todos los ejercicios de nuestro entendimiento no carecen de cierta oscuridad.

18. El humilde conocimiento de sí mismo es camino más seguro para llegar a Dios que las profundas disquisiciones de la ciencia.

Más que conocer es preciso conocerse, y más que saber mucho hay que vivir bien.


19. No debe censurarse la ciencia ni el simple conocimiento de lo que es bueno de suyo y fue ordenado por Dios; pero sí que debemos preferir siempre el testimonio de la buena conciencia y una vida virtuosa.

20. Mas como quiera que muchos se preocupan más de saber que de vivir bien, por eso yerran con tanta frecuencia y sacan poco o ningún fruto de su saber.

21. ¡Si desplegaran igual solicitud en desarraigar los vicios y sembrar las virtudes como en promover inútiles controversias! No ocurrirían tantos males y escándalos en el pueblo, ni habría tanta relajación en los monasterios.

22. Ciertamente, en el día del juicio no se nos preguntará qué leímos, sino qué hicimos; ni si hablamos bien, sino cuán santamente vivimos.

Inanidad de la ciencia y gloria humanas.


23. Dime, ¿dónde están ahora aquellos señores y maestros que tan bien conociste cuando aún vivían y florecían en sus estudios?

24. Otros tienen ya las cátedras que ellos ocuparon, y ni aún sé si hay quien de ellos se acuerde siquiera. Mientras vivieron, parecían ser algo en este mundo, pero ahora nadie habla ya de sus vidas y sus glorias.

25. ¡Oh, cuán presto pasa la gloria de este mundo! ¡Ojalá su vida hubiera estado en consonancia con su ciencia! Entonces sí que hubieran estudiado y leído con fruto.

26. ¡Cuántos perecen en el mundo víctimas de su ciencia vana, y por cuidar tan poco del servicio de Dios! Puesto que ambicionan ser más grandes que humildes, se pierden lamentablemente en sus vanos pensamientos.

27. Verdaderamente sólo es grande aquel en quien alienta una gran caridad. Verdaderamente sólo es grande quien se tiene por pequeño y estima en nada los más encumbrados honores.

28. Verdaderamente es sabio y prudente aquel que por ganar a Cristo tiene por escoria todas las cosas de la tierra. Y realmente es sabio quien cumple la voluntad de Dios y renuncia a la suya propia.

Imitación de Cristo
Libro Primero, Cap. 3

lunes, 5 de diciembre de 2016

Subida al Monte Carmelo.- San Juan de la Cruz (1.542 - 1.591)

¡Monte de Dios, monte de Basán! 
¡Monte escarpado, el monte de Basán!
...el monte que Dios escogió para mansión. 
Sal. 67:16

Luego os traje a la tierra del vergel,
para comer sus frutos y sus bienes.
Jr. 2:7

¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!
Mt. 7:14


Modo para venir al Todo 

Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes. 
Para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas. 
Para venir a lo que no posees, has de ir por donde no posees.
Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.

Modo de tener al Todo 

Para venir a saberlo Todo, no quieras saber algo en nada. 
Para venir a gustarlo todo, no quieras gustar algo en nada.
Para venir a poseer algo de todo, no quieras poseer algo de nada.
Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada.

Modo para no impedir al Todo 

Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo. 
Porque para venir del todo al todo, has de dejar del todo al todo.
Y cuando lo vengas todo a tener, has de tenerlo sin nada querer.
Porque si quieres tener algo en todo, no tienes puro en Dios tu tesoro.

Indicio de que se tiene Todo 

En esta desnudez halla el espíritu quietud y descanso, 
porque como nada codicia, 
nada le impele hacia arriba y nada le oprime hacia abajo, 
que está en el centro de su humildad.
Que cuando algo codicia, en eso mismo se fatiga.




domingo, 4 de diciembre de 2016

De la distinción entre los grados y las partes de la vida activa y contemplativa.- La Nube del No-Saber, Anónimo del siglo XIV.


"…en la Iglesia hay dos clases o formas de vida, la activa y la contemplativa. La vida activa es inferior, y la contemplativa superior. Dentro de la vida activa hay también dos grados, uno bajo y otro más alto. Pero estas dos vidas son tan complementarias que, si bien son totalmente diferentes entre sí, ninguna de las dos puede existir independientemente de la otra. Pues el grado superior de la vida activa se introduce en el grado inferior de la contemplativa, de manera que, por activa que sea una persona, es también al mismo tiempo parcialmente contemplativa. Y cuando el hombre es tan contemplativo como puede ser en esta vida, en cierta medida sigue siendo activo.

La vida activa es de tal naturaleza que comienza y termina en la tierra. La contemplativa, sin embargo, puede ciertamente comenzar en la tierra pero continuará sin fin en la eternidad. Y ello porque la vida contemplativa es la parte de María que no le será quitada. La vida activa, en cambio, se ve turbada y preocupada por muchas cosas, pero la contemplativa se sienta en paz con la única cosa necesaria.

En el grado inferior de la vida activa la persona hace bien ocupándose en buenas acciones y obras de misericordia. En el grado superior de la vida activa (que se funde con el grado inferior de la vida contemplativa) el hombre comienza a meditar en las cosas del espíritu. Ahora es cuando debe ponderar con lágrimas la maldad del hombre hasta adentrarse en la Pasión de Cristo y los sufrimientos de sus santos con ternura y compasión. Es ahora también cuando crece en el aprecio de la bondad de Dios y de sus dones y comienza a alabarle y darle gracias por las maravillosas maneras con que actúa en su creación. Pero en el grado más alto de la contemplación -tal como la conocemos en esta vida- todo es oscuridad y una nube del no-saber. Aquí uno se vuelve a Dios con deseo amoroso de sólo él mismo y permanece en la ciega conciencia de su desnudo ser.

Las actividades del grado inferior de la vida activa dejan gran parte del potencial humano natural del hombre sin explotar. En esta etapa vive, como si dijéramos, fuera de sí mismo o por debajo de sí mismo. A medida que avanza hacia el grado superior de la vida activa (que se funde con el grado inferior de la vida contemplativa) se va haciendo más interior, viviendo más desde las profundidades de sí mismo y haciéndose más verdaderamente humano. Pero en el grado superior de la vida contemplativa se trasciende a sí mismo porque consigue por la gracia lo que por naturaleza está por encima de él. Pues ahora se encuentra unido a Dios espiritualmente en una comunión de amor y de deseo. La experiencia enseña que es necesario dejar a un lado por un tiempo las obras del grado inferior de la vida activa, a fin de adentrarse en el grado superior de la vida activa, que, como dijimos, se funde en el grado inferior de la vida contemplativa. De la misma manera, llega un momento en que es necesario dar de lado estas obras también a fin de avanzar hacia el grado superior de la vida contemplativa. Y así como es error que una persona que se sienta a meditar piense en las cosas que ha hecho o que hará sin mirar si son buenas y dignas en sí mismas, de la misma manera no está bien que una persona que debiera estar ocupada en la obra de la contemplación, en la oscuridad de la nube del no-saber, deje que las ideas sobre Dios, sus dones maravillosos, su bondad o sus obras le distraigan de la atención a Dios mismo. Es esta una cuestión distinta del hecho de que se trate de pensamientos buenos que reportan confort y gozo. ¡No tienen lugar aquí!

Por ello te apremio a que deseches todo pensamiento sabio o sutil por santo o valioso que sea. Cúbrelo con la espesa nube del olvido porque en esta vida sólo el amor puede alcanzar a Dios, tal cual es en sí mismo, nunca el conocimiento. Mientras vivimos en estos cuerpos mortales, la agudeza de nuestro entendimiento permanece embotada por limitaciones materiales siempre que trata con las realidades espirituales y más especialmente con Dios. Nuestro razonamiento, pues, no es jamás puro pensamiento, y sin la asistencia de la misericordia divina nos llevaría muy pronto al error".

Cap. 8

sábado, 3 de diciembre de 2016

En qué consiste la divina Tiniebla.- Pseudo Dionisio Areopagita (Entre los siglos V y VI)


1. Trinidad supraesencial y más que divina y más que buena, maestra de la divina sabiduría cristiana, guíanos más allá del no saber y de la luz, hasta la cima más alta de las Escrituras místicas. Allí donde los misterios simples, absolutos e inmutables de la teología se revelan en las tinieblas más que luminosas del silencio. En medio de las más negras tinieblas fulgurantes de luz desbordan, absolutamente intangibles e invisibles, los misterios de hermosísimos fulgores que inundan nuestras inteligencias, que saben cerrar los ojos.

Ésta es mi oración. Timoteo, amigo mío, entregado por completo a la contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina Supraesencia.

2. Pero ten cuidado de que nada de esto llegue a oídos de no iniciados, aquellos que se apegan a los seres, que se imaginan que no hay nada más allá de lo que existe en la naturaleza física, individual. Piensan, además, que con su mística razón pueden conocer a aquel que "puso su tienda en las tinieblas". Y si esos no alcanzan a comprender la iniciación a los divinos misterios, ¿qué decir de quienes son verdaderos profanos, de aquellos que describen la Causa suprema de todas las cosas por medio de los seres más bajos de la naturaleza y proclaman que nada es superior a los múltiples ídolos impíos que ellos mismos se fabrican?

En realidad, debemos afirmar que siendo Causa de todos los seres habrá de atribuírsele todo cuanto se diga de los seres, porque es supraesencial a todos. Esto no quiere decir que la negación contradiga a las afirmaciones, sino que por sí misma aquella Causa trasciende y es supraesencial a todas las cosas, anterior y superior a las privaciones, pues está más allá de cualquier afirmación o negación.

3. En ese sentido, pues, dice el divino Bartolomé que la teología es al mismo tiempo abundante y mínima, y que si el Evangelio es amplio y copioso, es también conciso. A mi parecer, ha comprendido perfectamente que la misericordiosa Causa de todas las cosas es elocuente y silenciosa, en realidad callada. No es racional ni inteligible, pues es supraesencial a todo ser.

Verdaderamente se manifiesta sin velos sólo a aquellos que dejan a un lado los ritualismos de las cosas impuras y de las que son puras, a quienes sobrepasan las cimas de las más santas montañas. A los desprendidos de luces divinas, voces y palabras celestiales, y que se abisman en las Tinieblas donde, como dice la Escritura, tiene realmente su morada aquel que está más allá de todo ser.

No en vano el divino Moisés recibió órdenes de purificarse primero y luego apartarse de los no purificados. Acabada la purificación, oyó las trompetas de múltiples sonidos y vio muchas luces de rayos fulgurantes. Ya separado de la muchedumbre y acompañado de los sacerdotes escogidos, llega a la cumbre de las ascensiones divinas. Pero todavía no encuentra al mismo Dios. Contempla no al Invisible, sino el lugar donde Él mora. Esto significa, creo yo, que las cosas más santas y sublimes percibidas por nuestros ojos e inteligencia no son las razones hipostáticas de los atributos que verdaderamente convienen a la presencia de aquel que todo lo trasciende. A través de ellas, sin embargo, se hace manifiesta su inimaginable presencia, al andar sobre las alturas de aquellas cúspides inteligibles de sus más santos lugares. Entonces, es cuando libre el espíritu, y despojado de todo cuanto ve y es visto, penetra (Moisés) en las misteriosas Tinieblas del no saber.

Allí, renunciado a todo lo que pueda la mente concebir, abismado totalmente en lo que no percibe ni comprende, se abandona por completo en aquel que está más allá de todo ser. Allí, sin pertenecerse a sí mismo ni a nadie, renunciando a todo conocimiento, queda unido por lo más noble de su ser con Aquel que escapa a todo conocimiento. Por lo mismo que nada conoce, entiende sobre toda inteligencia.

QUE NO ES NADA SENSIBLE LA CAUSA TRASCENDENTE A LA REALIDAD SENSIBLE

Decimos, pues, que la Causa universal está por encima de todo lo creado. No carece de esencia, ni de vida, ni de razón, ni de inteligencia. No tiene cuerpo, ni figura, ni cualidad, ni cantidad, ni peso. No está en ningún lugar. Ni la vista ni el tacto la perciben. Ni siente ni la alcanzan los sentidos. No sufre desorden ni perturbación procedente de pasiones terrenas. Que los acontecimientos sensibles no la esclavizan ni la reducen a la impotencia. No necesita luz. No experimenta mutación, ni corrupción, ni decaimiento. No se le añade ser, ni haber, ni cosa alguna que caiga bajo el dominio de los sentidos.

QUE LA CAUSA SUPREMA DE TODO LO INTELIGIBLE NO ES ALGO INTELIGIBLE

En escala ascendente ahora añadimos que esta Causa no es alma ni inteligencia; no tiene imaginación, ni expresión, ni razón ni inteligencia. No es palabra por sí misma ni tampoco entendimiento. No podemos hablar de ella ni entenderla. No es número ni orden, ni magnitud ni pequeñez, ni igualdad ni semejanza, ni desemejanza. No es móvil ni inmóvil, ni descansa. No tiene potencia ni es poder. No es luz ni vive ni es vida. No es sustancia ni eternidad ni tiempo. No puede la inteligencia comprenderla, pues no es conocimiento ni verdad. No es reino, ni sabiduría, ni uno, ni unidad. No es divinidad, ni bondad, ni espíritu en el sentido que nosotros lo entendemos. No es filiación ni paternidad ni nada que nadie ni nosotros conozcamos. No es ninguna de las cosas que son ni de las que no son. Nadie la conoce tal cual es ni la Causa conoce a nadie en cuanto ser. No tiene razón, ni nombre, ni conocimiento. No es tinieblas ni luz, ni error ni verdad. Absolutamente nada se puede afirmar ni negar de ella.

Cuando negamos o afirmamos algo de cosas inferiores a la Causa suprema, nada le añadimos ni quitamos. Porque toda afirmación permanece más acá de la causa única y perfecta de todas las cosas, pues toda negación permanece más acá de la trascendencia de aquel que está simplemente despojado de todo y se sitúa más allá de todo.
Teosofía Mística, Cap. I, IV y V